Berserkers – Los guerreros de Odín

mayo 18, 2008

Durante los primeros siglos de la llamada era vikinga no hubo entre los vikingos ejércitos, en el sentido que damos a esta palabra, pero había una casta especial de guerreros profesionales, llamados berserkers, que combatían más salvajemente que los demás debido a que justo antes del combate entraban en éxtasis; esto les llevaba a un estado de ferocidad extrema, que anulaba cualquier sentido de peligro o consideración ajena a la destrucción.

La palabra berserker aun se utiliza en algunos países del norte europeo para designar a alguien que se vuelve furioso. Los expertos no se han puesto muy de acuerdo acerca de lo que este nombre puede significar: Para unos quiere decir sin-camisa, por la costumbre que tenían de acudir a la batalla a pecho descubierto, y para otros es una derivación de piel de oso, por llevar de este material la capa con que se protegían del frío.

Aparecen en numerosas sagas, en alguna de las cuales se les atribuye la capacidad de que ningún arma podría morderlos. Esta inmunidad algunos la interpretan como que, en su estado de trance profundo (para otros, posesión), ni sentían las heridas que el enemigo pudiera inflingirles.

El estado alterado de estos guerreros se denominaba berserkergang. Comenzaba antes de la batalla con un temblor y rechinar de dientes, mientras que la cara se les hinchaba y cambiaba de color. Después se ponían a aullar como animales salvajes, mordían el borde de sus escudos -en algunos casos también se desgarraban la ropa- y comenzaban a dar mamporros a diestro y siniestro con una fuerza descomunal, sin saber muchas veces distinguir entre amigos o enemigos. Podían estar combatiendo de la manera más feroz e incansablemente durante horas e incluso días.

Tras la batalla, el frenesí se esfumaba y su agotamiento se hacía palpable. Ese era el único momento en que se les podía vencer. En ciertas ocasiones, algunos llegaron a desplomarse totalmente deshidratados, muriendo aun sin haber recibido ninguna herida mortal. También se daban casos en que la victoria era demasiado rápida y los berserkers tenían que ponerse a dar espadazos contra árboles o rocas, hasta que el furor se apaciguaba. El emperador Constantino de Bizancio reclutó guerreros vikingos para su guardia personal (la Guardia Varega) y dejó escrito que ellos realizaban la “danza gótica” ataviados con pieles y máscaras de animales. Entiéndase la palabra gótica como de godos, ya que muchos de aquellos varegos procedían de la isla sueca de Gotland, la Tierra de los Godos.

Figuras como las descritas por el emperador bizantino pueden verse en algunos ornamentos vikingos. En algunas sagas se habla de grupos de doce guerreros (en la película El Guerrero n.13, una vidente elige a los doce guerreros que deberán ir a combatir, aunque decide que en esa ocasión especial debe ir uno más, para que la misión tenga éxito) o doce hombres que deber realizar alguna tarea, normalmente relacionada con la lucha, aunque en otras ocasiones no, como los doce jueces que se reunían en el Thing o Asamblea, o los doce testigos jurados que se presentaban, o los doce hombres de entre un grupo numeroso que son invitados a una fiesta.

En la saga de Egil Skallagrimsson se citan veinticuatro veces este tipo de grupos. Cuando el rey Harald iba a la batalla de Hafrsjord, tras la cual logró adueñarse de toda Noruega, llevaba a doce berserkers en la armura de su barco; cuando al final hacen un recuento de muertos y heridos, ni se molestan en los berserkers, ya que dan por sentado que están sanos y salvos, ya que son “aquellos a quienes el hierro no puede dañar”.

El rey danés Hrolf Kraki de Dinamarca ayudó a Adils de Suecia en su guerra contra Ali de Noruega mandándole a sus doce berserkers, que recibieron la considerable paga de tres libras de oro cada uno. El jefe de uno de estos grupos de doce tenía un nombre que solía ser una variante de Bjorn (Oso) y justamente era contra un oso con quien debía luchar un iniciado para poder formar parte del grupo. En algunos lugares o tal vez en ciertas ocasiones, ese combate se hacía de manera ritual contra alguien disfrazado de oso.

Cuando los reyes vikingos fueron adquiriendo más poder -anulando en la medida de lo posible la forma de vida tradicional de los hombres libres-, buscaron a berserkers como protección. Estos se sentían especialmente a gusto al lado de una figura real asociada con Odín. Y no olvidemos que el nombre de ese dios, tanto en su forma escadinava (Odín) como germánica (Wotan) o sajona (Woden) significa furia. Y es que, aunque el dios oficial vikingo de la guerra era Tyr y su runa se grababa en la hoja de las espadas, los berserkers se dedicaban por completo a Odín. Ambas deidades compartían algunas cualidades, como la de metamorfosearse en animales o alcanzar la inmunidad ante las armas del enemigo. Por eso se piensa que los berserkers fueran una especie de iniciados en un culto especial y secreto a Odín. Este dios repartía sus simpatías divinas por igual entre los poetas, los brujos y los guerreros. Y, de entre los guerreros, a algunos otorgaba el Od o Berserk (furia desenfrenada) tocándolos con la punta de su lanza. Si estos caían en el combate, tenían un puesto asegurado en el Valhalla, junto a los einherjar, aquellos valerosos guerreros que habían merecido un puesto junto a su dios. Y en el Valhalla, tras ser transportados por las valkyrias en sus caballos alados, esperarían para defender a los dioses del ataque de los gigantes (seres primordiales del universo) cuando llegase el Ragnarok (el fin de los tiempos).

Aunque no ha llegado hasta nosotros ningún texto que resulte explícito al respecto, se piensa que el estado furioso de los berserkers estaba directamente relacionado con la ingestión de hongos, concretamente la Amanita muscaria. Alguna vieja leyenda decía que cuando galopaba Odín sobre su caballo Sleipner, de la boca de este caía una espuma roja, que al llegar al suelo se transformaba en estos hongos. La Amanita muscaria prolifera especialmente entre los bosques de abedules, muy numerosos en la Europa nórdica. Tiene una gran toxicidad, debido a un alcaloide, la muscarina, por lo que en muchos lugares se le ha rodeado de tabús o nombres que inducen a evitarlo; esto se hizo seguramente para impedir que lo consumiesen quienes no estuvieran preparados para una prueba “mística”, ya que este hongo proporciona ciertos estados alterados de consciencia.

Así, el comportamiento de los berserkers estaría marcado por un culto secreto a Odín, en el que se incluirían drogas e hipnosis junto a alguna prueba iniciática especialmente violenta. Y posiblemente su furia era una orden hipnótica que se accionaba al escuchar los gritos de guerra. Un sentido similar de trance se puede encontrar en otras áreas de la vida más pacíficas, como era el éxtasis de los escaldos (poetas), las prácticas de los vitkis (maestros de runas), o las predicciones de las volvas (profetisas), cuando este tipo de personas eran capaces de realizar actos vedados a las demás personas.

Los berserkers eran muy solicitados en tiempos de guerra, aunque los vikingos que podríamos llamar normales no les consideraba exactamente compañeros de armas, ya que su tipo de actuación poco tenéa que ver con la ética del guerrero, donde primaban los conceptos de lealtad y fidelidad, astucia e inteligencia. Aunque es necesario precisar que en las sagas se citan a dos tipos de berserkers: el legendario y el contemporáneo. Este último suele aparecer cargado de connotaciones negativas, mientras aquel otro estaba bendecido con la chispa divina del héroe, lo que puede indicar una degeneración de los rituales originales, tal vez basados en algún concepto místico que se fue perdiendo con el tiempo.

Aunque el término berserker es el que ha pasado a la posteridad, por ser el más usado en las sagas, en algunos escritos se cita a este tipo de guerreros como ulfhednar (piel de lobo); y bien podría ser que se tratase dos grupos distintos, identificándose en su estado de trance con osos o lobos, según el animal totémico que cada grupo venerase en sus ceremonias iniciáticas.

Y en algunas sagas el berserker aparece con las características propias de un hombre-lobo: Capacidad de transformación, pérdida de la razón humana, adquisición de fuerza extraordinaria, apariencia terrorífica y rechazo de la comunidad humana. Ya Tácito citaba a los guerreros germanos que se pintaban de negro e imponían el terror en la noche oscura, y que sólo dejaban de luchar cuando la vejez drena la sangre de su cuerpo

PS: artículo publicado en la revista Enigmas

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